Los católicos del mundo celebran la Presentación del Señor este 2 de febrero
Según el Evangelio de Lucas, "cuando se cumplió el tiempo de su purificación según la ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarlo al Señor (como está escrito en la ley del Señor: 'Todo varón primogénito será consagrado al Señor'), y para ofrecer en sacrificio... un par de tórtolas o dos palominos".
Según el Evangelio de Lucas, "cuando se cumplió el tiempo de su purificación según la ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarlo al Señor (como está escrito en la ley del Señor: 'Todo varón primogénito será consagrado al Señor'), y para ofrecer en sacrificio... un par de tórtolas o dos palominos".
En el Templo, el anciano Simeón, guiado por el Espíritu Santo, tomó al Niño en sus brazos y proclamó el Nunc Dimittis: "Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo ir en paz... porque han visto mis ojos tu salvación, luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel". La profetisa Ana también reconoció en Jesús la redención de Jerusalén.
Un puente entre Navidad y Pascua
Esta fiesta, de origen oriental y extendida desde Jerusalén a toda la Iglesia en el siglo V, une el misterio del nacimiento de Cristo con su Pasión, muerte y Resurrección. Como señala el profeta Malaquías en la primera lectura: "De repente vendrá a su templo el Señor que buscáis... Será como fuego de fundidor y como lejía de lavadero". La Carta a los Hebreos la completa describiendo a Jesús como "sumo sacerdote misericordioso y fiel" que, al hacerse partícipe de nuestra carne, expía los pecados del pueblo.
Los Salmos responsoriales invitan a abrir las puertas al "Rey de la gloria". Antiguamente, marcaba el fin del tiempo navideño, pero hoy actúa como "bisagra" litúrgica: prolonga la luz de Cristo revelada en Navidad y Epifanía, mientras anticipa la Cuaresma.
El Papa Juan Pablo II la describió como un momento en que Simeón y Ana representan al "remanente de Israel" expectante, recibiendo al Mesías.
Tradiciones litúrgicas y devocionales
La celebración incluye la bendición y procesión de las velas, símbolo de Jesús "luz para revelación a los gentiles". Esta costumbre, introducida en Roma por el Papa Sergio I (687-701), reemplazó procesiones paganas con un carácter penitencial.9 En la tradición popular, se asocia con la humildad de María en su purificación, convirtiéndola en fiesta de los humildes servidores.
Coincide también con el Día Mundial de la Vida Consagrada, invitando a los religiosos a renovar su entrega, como el Niño ofrecido en el Templo.













