Historia de La fiesta de Nuestra Señora de Lourdes

 La fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, celebrada el 11 de febrero, conmemora las apariciones de la Virgen María a Santa Bernadette Soubirous en la Gruta de Massabielle, en Lourdes (Francia), en 1858. Estos eventos, ocurridos cuatro años después de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción (8 de diciembre de 1854), confirmaron milagrosamente esa verdad de fe, ya que la Virgen se presentó como "la Inmaculada Concepción".

El santuario de Lourdes se ha convertido en un lugar de peregrinación masiva, especialmente para enfermos, y la fecha del 11 de febrero marca la primera aparición.

Las apariciones de 1858

Entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858, la Virgen María se apareció al menos 18 veces a Bernadette Soubirous, una niña de 14 años de una familia pobre. La primera visión ocurrió el 11 de febrero en la Gruta de Massabielle, junto al río Gave, donde Bernadette recogía leña.  la aparición del 2 de marzo, la Virgen pidió: «Id a decir a los sacerdotes que se venga en procesión y que se construya una capilla aquí».

El 25 de marzo, en la 16ª aparición, la Virgen reveló su identidad: se presentó como "la Inmaculada Concepción", repitiendo las palabras del dogma recién definido por el beato Pío IX, lo que validó la autenticidad de las visiones en un contexto de escepticismo inicial.

Estas apariciones incluyeron mensajes de oración, penitencia y conversión, y el descubrimiento de una fuente de agua milagrosa asociada a curaciones.

Establecimiento del santuario y la fiesta litúrgica

Pronto, Lourdes atrajo multitudes de peregrinos, enfermos y trabajadores de la salud, convirtiéndose en un centro de esperanza y sanación. En 1869, el beato Pío IX aprobó la iglesia y coronó la estatua de Nuestra Señora de Lourdes, superando obstáculos iniciales.


El santuario creció con basílicas y procesiones, y en 2008 se celebró el 150º aniversario de las apariciones con una Eucaristía presidida por Benedicto XVI. La fiesta del 11 de febrero se estableció como memorial litúrgico de Nuestra Señora de Lourdes, vinculándose desde 1992 al Día Mundial de los Enfermos, promovido por San Juan Pablo II, quien eligió esta fecha por su conexión con el mensaje de la Virgen a los sufrientes.

En 2004, coincidió con el 150º aniversario del dogma de la Inmaculada Concepción, reforzando su significado teológico. Esta historia subraya la fidelidad de la Iglesia a las revelaciones privadas aprobadas, invitando a la conversión y la confianza en María, Estrella de la nueva evangelización. Para profundizar, el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 67) recuerda que tales apariciones no pertenecen al depósito de la fe, pero ayudan a vivirla.